Sólo un par de palabras definen el libro como lo que realmente es, arte.
Impacto. Abre los ojos y comienza a ver el mundo como realmente es, no como lo pinta la sociedad, no como lo pinta el patriarcado. Comienza a participar en esta realidad, a luchar por tus derechos, por la igualdad, por dejar de ser un mero objeto del que los hombres pueden disponer a su antojo, comienza a rebelarte.
Realismo. La trata de mujeres está presente en la época actual en mayor medida de la que queremos creer, ignorar el problema no va a hacer que desaparezca, no va a hacer que estemos exentos de este hecho. Lo único que la sociedad hace es mirar para otro lado, no implicarse en el problema, pero tampoco en la solución.
Como bien recordamos aquel poema de Martin Niemöller:
"Primero vinieron por los socialistas, y yo no dije nada,
porque yo no era socialista.
Luego vinieron por los sindicalistas, y yo no dije nada,
porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los judíos, y yo no dije nada,
porque yo no era judío.
Luego vinieron por mí, y no quedó nadie para hablar por mí".
Y esto es lo que está ocurriendo. En España miles de mujeres son engañadas, violadas y sometidas por la trata de mujeres, pero a aquellos a los que no nos afecta directamente, ni a nuestro entorno, no respondemos. Pero ¿qué pasaría si una de esas mujeres fuese nuestra amiga, nuestra madre, nuestra hermana, nuestra hija, o nosotras mismas? Ahí querríamos que otros saliesen a la calle para hablar por nosotras, para pedir libertad y justicia, para rebelarse por cambiar la situación en la que nos veríamos envueltas. Bien, entonces ¿por qué esperar a que vengan a por las demás? ¿por qué no luchamos por aquellas que ya son parte de este gran problema? La respuesta es sencilla: cobardía."¿Por qué?, se preguntó. ¿Por qué no hacemos nada?, tuvo ganas de preguntarle a la mujer. ¿Por qué no nos plantamos ante esta atrocidad? ¿Por qué nos odiamos? ¿Cómo llegan a conseguir que nos odiemos así?. Por qué. Por qué esto. Por qué sucede. Por qué dejamos que suceda. Preguntó y preguntó para su adentros, pero nadie contestó. Nadie le había contestado jamás".
Muchas mujeres se preguntarán ¿por qué no luchan ellas desde dentro?, pues la respuesta es aún más simple que la anterior: miedo. Miedo a ser descubiertas, a las represalias, a aquellos "Hombres de Hielo" que se creen Dios para decidir sobre la vida de las personas, para disponer de ellas como si de simples objetos se trataran.
"No tenía las palabras. Se las habían quitado, como hacían con muchas otras. Le habían arrebatado la capacidad de contar su propia historia, insertándole el miedo hasta las costillas, hasta que lo adoptó como hijo propio. Uno nunca está preparado para comerse la vida triturada y cruda".
El libro nos presenta la realidad de varias mujeres, de varios tipos de personas que nos muestran dentro de la resignación de su vida. Para empezar aparece Ana, la madre de la protagonista. Una mujer que ha aceptado su papel secundario en una sociedad dirigida por hombres. Deja que su hija desarrolle su papel de mujer, mira para otro lado aún conociendo que el negocio de la trata de mujeres se lleva a cabo muy cerca de ella, calla y guarda silencio ante todas las injusticias que ve. Pero posteriormente se aprecia cómo sale de su propia jaula para ayudar a Kassandra a que lleve una vida normal, para que no cometa los mismos errores que ella.
"Los hijos nunca deberían pagar con su vida las vidas de sus padres. Pero lo hacían siempre, de una forma u otra".
Bilma es la mejor amiga de la protagonista. Es conocedora de la historia,pero al igual que la mayoría de las personas, no entiende por qué no sale de ese mundo y lleva una vida normal, no ve lo dañino para otras mujeres, únicamente cuando ve que afecta a su entorno, a su amiga, es cuando reacciona ante la injusticia.
"Alguien dijo alguna vez que las personas no vemos las cosas tal y como son, sino tal y como somos".
Polina era la madame del chalé donde estaban las prostitutas. La engañaron con la figura del príncipe azul para atraerla a un mundo donde el amor no existía.
"Esperar al hombre ideal. Esperar, esperar, esperar. Al protector. Al que resuelve tu sino como mujer. Bien metidito en la cabeza, adentrado de forma maestra allí donde se alojan las verdades más absolutas: sin un hombre no eres. No importa que no quieras: sin un hombre no eres, no estás completa. Porque tú sola, de por sí y por ti misma, no eres nada. Nunca lo has sido. Ese es tu nombre: nada. Mujer de. Sin un hombre no eres. Cuando aparece el hombre perfecto, el que te hará una mujer de verdad, alguien y no algo -aunque sigas siendo un objeto-, las ideas enraizadas en tu cerebro, por fin, florecen".
"Parpadeo. Parpadeo. Parpadeo. Amor. Apagón. Amor. Apagón. Amor. Oscuridad. Nunca la palabra *amor* me había dado tanto asco, pensó".
Ella misma luchó en su momento, pero luego aceptó su papel como sumisa ante la situación que la había tocado vivir. La "premiaron" por su trabajo haciéndola creer que tenía poder, cuando en verdad sólo estaba siendo su marioneta. Se aprecia una evolución del personaje desde la ceguera hasta que abre los ojos, asumiendo que es de nobles morir por una causa justa, morir por salvar miles de vidas condenadas a vivir el mismo infierno que ella.
"Lloró por ser mujer y por el infierno en el que habían convertido el hecho de serlo". "Y la princesa llegó por fin a su reino".
Marcela era como una madre dentro del chalé. Ella desde un principio quiere salir, pero se ve atada por la situación de su hija, ya que toda figura femenina puede ser pertenencia de cualquiera, por eso cuando a ella la engañan utilizan la baza de que si ella se resiste irán a por la niña, así que Marcela prefiere sacrificarse para que su hija no ocupe su lugar en un sitio como ese.
"Un día, aunque no volviera a verla, aunque jamás pudiera volver a abrazarla, su hija conocería su historia".
Bruna era quizá la de carácter más duro, la más parecida a Kassandra, ella podría haber luchado como la que más si no hubiese estado tan engañada con la realidad que la rodeaba. No la quedaba nada por lo que luchar, únicamente por su libertad. Su madre estaba enferma y por eso ella viajó a España para ser camarera, la sometieron y su madre murió sin que ellos pagaran nada del tratamiento aunque lo habían prometido. Simplemente quería salir de allí, tuviese el coste que tuviese.
"Aquellas mujeres no eran mujeres. Ni si quiera eran mano de obra. Eran objetos. Máquinas de hacer dinero guardadas en la bodega, a la espera de ser expuestas cuando el negocio volviera a abrir sus puertas".
Era la más cegada por la situación, al igual que Polina, ambas veían un negocio que les concedería la libertad, no veían la esclavitud a la que estaban siendo sometidas.
"Siempre llevaban mucho perfume porque era otra forma de maquillar la situación. Allí en aquellos lugares, no solo se maquillaban las mujeres. Se maquillaban las situaciones, se maquillaba la vida y se maquillaba la violencia. Todo eran sonrisas, mujeres embellecidas, caricias, jolgorio, amor y cariño. Todo era la explotación mejor maquillada del mundo".
Katia y Aleksandra llegaron juntas, las llevaron a un club donde todo era llevado al extremo: más clientes, más tiempo, más sufrimiento. Katia realmente ansiaba la libertad, pero aún así sabía ver el lado cómico del fuego que la rodeaba estando en el infierno. Debo destacar que me hubiese gustado que este personaje hubiese tenido más repercusión, es decir, que hubiese luchado junto a Kassandra, pero es cierto que el asesinato de ella a manos de sus captores hace ver la auténtica realidad de lo que las ocurre si escapan de allí.
"Ella era una superviviente. Si hay algo que define a los supervivientes es que se aferran a cualquier posibilidad de sobrevivir, aunque sea ínfima, aunque sea mínima, aunque sea casi imposible. No dudan en agarrarse a un árbol que está a punto de caer en pleno tsunami. No desfallecen, aunque todo parezca en contra. Simplemente se agarran. Y entonces la posibilidad de que el árbol no caiga y de que ellos salven la vida se vuelve real porque han decidido agarrarse al árbol. Si no te agarras al árbol no tienes nada que hacer. Si te agarras, quizá lo tengas. Resistir y luchar son cosas que valen la pena. Siempre".
Maisha es una figura clave en la historia. Fue llevada al chalé porque era considerada como "un objeto deteriorado" debido a que apenas tenía clientes y no hablaba porque estaba harta de que lo hiciesen por ella, así que la ponían a limpiar en la mayoría de los casos. Muestra a la mujer resistente pese a todas las adversidades, pese a todos los hombres que la dañan. Intenta suicidarse porque considera que es la única escapatoria de aquel lugar, pero cuando se salva ayuda a que las demás salgan de esa vida.
"Las mujeres mueren muchas veces antes de morirse: muere su cuerpo, su alma y su vida. Y luego, mueren ellas"."Las mujeres fuertes, resistentes, no olvidan que lo son, al fin y al cabo".
Kassandra es la protagonista. La mujer de esta historia que se rebela en primer lugar, que decide actuar para que las demás tengan un futuro. La niña que encuentra su voz para protestar por las injusticias.
"Kassandra Fernández se atrevió a abrir la boca y a hablar muy cerca de la cara de un monstruo, como si una niña hubiese decidido mirar debajo de la cama tras los ruidos y hacer callar a la criatura gigante de debajo. Lo hizo lentamente, procurando que se entendiera cada una de las sílabas".
Su padre es el monstruo principal de la historia, el Rey de Corazones, a quien ella debe enfrentarse para evitar que esta realidad siga extendiéndose.
"Padre e Hija. Hielo y fuego. Mujer y Hombre. Rey y Reina".
Ella renuncia a todo lo que él le ofrece, renuncia al poder que podría obtener si se queda y lidera el negocio de trata de mujeres, Kassandra prefiere unirse a esas mujeres que sin poder ni reino luchan por su libertad.
"Su propia casa de muñecas. Su propio tablero de ajedrez. Un tablero en el que ella había sido una pieza que nunca, jamás, habría podido ganar. Eres violenta como yo. Eres mi hija. Mi mujer. Nunca has tenido opción, le dijo".
Pero en realidad sí que tenía opción, podía elegir entre pisar o luchar por las que son pisadas. Y así, eligió. Así, luchó.
"Kassandra Fernández, la niña, Kassandra Fernández, la hija del traficante, y todas las Kassandras Fernández que formaban y formarían su vida -pues nunca podría dejar de ser ninguna de las mujeres que había sido e iba a ser- sintieron que tocaban la puerta de su vida. Toc-toc. Agarró el pomo. Lo giró. Lo entendió. Ahí estaba. Le dio la bienvenida. Kassandra Fernández, víctima de trata".
Por otra parte, el personaje de Ramsés muestra la importancia de que los hombres formen parte de la lucha como un apoyo de las mujeres, que no se queden al margen, que no hagan la vista gorda ante la desigualdad, que al igual que el personaje no rescaten a las mujeres, sino que las enseñen a rescatarse a sí mismas, que las ayuden a luchar.
"La vida duele. Empieza a golpear tú también".
Para concluir, cabe destacar que el libro funciona como vía para quitarse las gafas que nos hacen ver la sociedad como un lugar donde todo debe seguir su curso para que el orden de las cosas no se altere. Nos hace despertar, rebelarnos ante las injusticias. Por mínimos que sean los defectos, hay que aprender a identificarlos y deshacernos de ellos.
"Sus piropos no eran un intento de hacer sentir bien a las mujeres, sino estrategias conscientes de amedrentamiento y de demostración de poder. Un acoso normalizado hasta tal punto que podría chillarse por la misma calle sin que absolutamente nadie hiciera ni dijera nada".
De este modo me quito el sombrero ante la maravilla del realismo de la historia. El impacto que supone y la angustia que genera empatizar con la vida de personas que jamás me habría imaginado que podría conocer, son aspectos que hacen que se encienda el fuego interno de todas nosotras, que se encienda la llama de la rebelión alimentada por el fuego que tomamos del mismísimo infierno.
"Se afiló las aristas y se creó a sí misma como un arma que usar en caso de emergencia".
"Hacemos esto por nosotras. Por las que ya no están y por las que estarán".
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